El Sello de la Rosa

Un espacio donde podrán encontrar un poco de mis emociones.
Poemas y pensamientos de Laura Zyanya Bastida.
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martes, 15 de octubre de 2013

Añoranza



 Quería quedarme...

En alguna de las esquinas de sus ojos, en sus arreboladas mejillas que parecían manzanas apenas madurando.
En sus labios que dibujaban un beso sin dirección,
en la ternura de su tacto que descubría todo con temor a romperlo,
quería quedarme en su inocencia infinita que hacía perfecta a la humanidad. 
(Desconocía la guerra)
Justo ahí quería quedarme, en su latido creciente,
en su afinado oído capaz de diferenciar entre el canto de la cigarra y el del grillo,
en sus sueños colgados de la noche a pleno día mientras catalogaba nubes.
En su jardín apenas florecido de ilusiones sin más nombre que el de un mañana que le llegaba con cada despertar, en sus emociones que descubrían el universo y pintaban arcoíris.
Quería quedarme en su boca que se callaba nada mientras decía todo,
en su mirada que se perdía en el azul del cielo tras recorrer el horizonte.
Habría querido quedarme en sus piernas que recorrían distancias por tan solo el placer de ir cada vez más lejos,
en sus saltos bajo la lluvia jugando rayuela.
Y en su olfato que siempre percibía el mar y desconocía el olor del abismo llamado odio.
Sí, quería quedarme en su tiempo, en ese reloj roto y aquella brújula descompuesta
con que media distancia y horas,
en su sonrisa no maliciosa que le iluminaba el rostro.
Y en su infancia perfecta, esa que sin saberlo entonces, comenzaba a alejarse de mí.

Zyanya@
© Derechos Reservados

domingo, 13 de enero de 2013

CON LA SOLEDAD



Uno se acostumbra a la soledad, a los pasos pequeños, a los silencios largos, al tic-tac incansable de un reloj sin tiempo...


Con cuanta facilidad se deja de mirar los horizontes, las hojas que caen en otoño y los brotes que surgen en la primavera. Respirar se vuelve tan cotidiano que algunas veces no le damos importancia al ritmo que nos permite la vida, al rayo de luz reflejado en el charquito que ha dejado la lluvia en una tarde sin viento.
¿Cuántos "te quiero" se han quedado sin voz?¿ Cuánto hemos dormido con los ojos abiertos? ¿Cuántos sueños han sido condenados a no ser más?
Ir sin ruta hace sentir que se está en el mismo sitio pero corriendo siempre, hacia todos lados sin llegar a ni ningún lugar.
La prisa por cosas que jamás nos llenan y siempre nos vacían... El tiempo sin tiempo para todos los que importan.
Con tanta carga de cosas inservibles se nos arquea la espalda, y nos ocupan los brazos que se olvidan de sostener al que cae, de abrazar a quien nos espera siempre soñando que un día al fin será diferente.
Y los días se van, y el tiempo no vuelve...
¿Cuántas olas de mar hemos dejado de mirar porque tememos mojarnos los pies si pisamos su orilla?
Entre el bullicio incesante dejamos de escucharnos, el corazón nos grita y lo ignoramos casi siempre.
Hay tantas montañas que nos esperan, no para ser conquistadas, sino para contemplar desde ellas las maravillas que aún se extienden en el horizonte... Y nos hemos vendado los ojos, porque "ojos que no ven..."
¿Hace cuánto no respiramos un amanecer por el simple placer de hacerlo a solas?
La soledad no es un lastre, es una voz cierta cuando uno se permite asomar hacia dentro, es un espejo limpio y un cuaderno en blanco donde mucho se puede anotar.
Con la soledad como compañía, llorar es tan valido como reír cuando no hay otra forma de gritar una pena o compartir una alegría, lo no permitido, es levantar muros que nos aíslen, crear un mar y permitirnos el naufragio, aferrarse a una soledad malentendida, y que en ella nos ahoguemos porque no hay una mano que nos sostenga, un muelle hacia el cual nadar, o una isla donde antes ya hemos ayudado a llegar a otros.

Zyanya@
© Derechos Reservados

martes, 1 de enero de 2013

EN PRIMERA PERSONA


Lo reconozco,
he sido el peor conflicto 
de la razón 
contra mi locura.

Ciego, 
el corazón ha dirigido los pasos
y causado el despeñadero 
del amor propio.

He andado en falso,
y es absurdo recorrer la orilla 
cuando se sabe 
que no tiene fin el abismo.

Sé de caer y levantarse,
de obtener certificado de supervivencia 
en la eterna lucha 
contra uno mismo.

Hoy todo sobra 
si no logro encontrar 
dentro de mí 
mi propio espacio.

Y ahora, 
en primera persona sé, 
que viviendo  
el verbo ser se magnífica.


Zyanya@
© Derechos Reservados